martes, marzo 09, 2010

Jesús Sánchez Adalid, nuevos horizontes para la novela histórica

Como ya he comentado en otras ocasiones, la narrativa histórica siempre ha sido uno de los géneros que más me han interesado. El problema que me he encontrado siempre ha sido el mismo: encontrar escritores fieles a la Historia. Afortunadamente, cada vez aparecen más plumas que intentan reconciliar la literatura con la realidad. Un nombre que debe ir en esta lista es, sin duda, el de Jesús Sánchez Adalid.

Personaje de diversas trayectorias, ya que ha sido juez y actualmente ejerce como sacerdote en Extremadura, Sánchez Adalid ha supuesto un importantísimo revulsivo a nivel nacional para el género histórico. Siempre bien documentado, sus novelas nos permiten recorrer distintas épocas tanto en España como en el resto del mundo. Y es un escritor que va a más. En sus novelas se ve una clara evolución, y su calidad literaria va aumentando cuanto más escribe, cosa que no se puede decir de todos los autores. Su lista de éxitos es muy amplia: El cautivo, En compañía del sol, Félix de Lusitania, La luz de Oriente o El caballero de Alcántara son algunas de sus obras más importantes. Aquí me voy a centrar concretamente en dos que reflejan, en mi opinión, su perfeccionamiento como escritor.

En primer lugar, voy a hablar de El mozárabe. Novela ambientada en la España de la Reconquista, en la época de Almanzor y con Córdoba como epicentro, aunque no como único escenario. Esta obra es un fresco que recorre una época turbulenta a los ojos de un cristiano, habitante de la capital del Califato, y a los de un árabe que poco a poco va escalando en los círculos de poder de Córdoba. Sus vidas se entrecruzan y se separan en numerosas ocasiones, lo que nos permite ir recorriendo tanto lugares distintos como diferentes sociedades de la época altomedieval. Todo ello con el rigor histórico que acompaña siempre las obras de este autor. Un ejemplo claro es la cantidad de referencias que escribe siempre al final de sus libros. Y con referencias no quiero decir una extensa bibliografía en cuyo contenido ningún lector va a rebuscar jamás. No. Me refiero a la explicación de datos históricos contrastados, contados de una forma amena y que enlazan perfectamente lo novelado con lo que sucedió realmente.

El único pero que le pondría a El mozárabe es que hay momentos en los que puede resultar un tanto pesado de leer. Es una obra densa y, sobre todo, larga, lo que puede hacer que en algunos momentos no estemos deseando coger el libro de nuevo para continuar la lectura. Sin embargo, esto ocurre en muy pocas ocasiones, y la mayor parte del tiempo la novela es muy amena e interesante. Este pequeño pero puede disculparse ya que se trata de una de las obras iniciales de Sánchez Adalid.

Donde no hay, en mi opinión, ningún reparo que poner de manifiesto es en la que, desde mi punto de vista, es la novela cumbre de este autor: El alma de la ciudad. Obtuvo por ella el premio Fernando Lara de novela en 2007 y, contrariamente a la mayoría de galardones, este sí que era un premio muy merecido. El libro narra las andanzas de un clérigo cristiano en la época de Alfonso VIII. En este caso, Sánchez Adalid nos introduce en la apasionante fundación y desarrollo de una ciudad en plena Reconquista, mientras transcurre en paralelo la vida del protagonista como hermosa metáfora de las bondades y vilezas del alma humana. Junto al ya habitual guión histórico plenamente documentado, esta vez el autor nos muestra su plenitud como escritor, lleno de fuerza y apasionamiento, unidos a una excelente calidad literaria. El lector se ve literalmente transportado a la vida del protagonista, y el paisaje medieval desfila ante nuestros ojos en toda su plenitud. Espero que, en un futuro, la temática de las novelas de don Jesús vuelva a visitar esta época tan rica en matices y tan atrayente para muchos lectores.

A modo de resumen, no puedo menos que recomendar toda la obra de este gran escritor. Yo espero empezar en un futuro no lejano El caballero de Alcántara, otra obra que me llama poderosamente la atención. Mientras tanto, y visto que el género histórico español goza de muy buena salud, voy a proseguir mi búsqueda de algún talento extranjero en la narrativa histórica. En los novelistas foráneos, a pesar de la cantidad, la calidad y el rigor histórico suelen brillar por su ausencia, pero nunca hay que desesperar. Voy a leer un libro de Bernard Cornwell, escritor prolífico donde los haya, titulado Arqueros del rey. Es la primera novela que leo de este autor, famoso por su saga de Sharpe y las guerras napoleónicas. Veremos si sufro una nueva decepción o, por el contrario, me llevo una agradable sorpresa.

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